Tres respuestas inesperadas (II)

La pasada semana preparaba con todos los niños de la parroquia su participación en la Primera Comunión.
Después de enseñarles cómo recibir la comunión, quise hacer hincapié (como hago en todas las “Misas con niños”) en lo importante que es aprovechar ese momento en que se acaba de recibir a Jesús para dar gracias y rezar a Dios por nosotros, por nuestra familia y amigos, por los más necesitados y por todos los hombres.
Para centrar el tema, les pregunté: “A ver, ¿qué es lo que hacen los mayores después de recibir la comunión?”
Uno de los muchachos levantó rápidamente la mano y respondió gritando: “Irse a tomar el vermouth.
La carcajada de los padres fue unánime.
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La madre del chaval, aunque no podía aguantarse la risa, parecía bastante avergonzada. Tuve que recordar a todos que si el niño había respondido con esa asociación de ideas, es porque estaba acostumbrado a asistir con sus padres a misa y después celebrarlo en el bar tomando algún aperitivo. Otros niños, que eran mandados por sus padres a misa pero que no eran acompañados por ellos, seguro que no hubieran relacionado una cosa con la otra. (Ante este comentario, fueron otros los padres que se mostraron un poco incómodos.)

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