¡Jo, qué fuerte! (I)

Creo que cada vez comprendo menos las expresiones que se usan hoy en día. Entiendo que son como muletillas que valen para todo, pero eso hace que no acabe de captar su significado. Así, la expresión “Jo, qué fuerte”, ¿se trata simplemente de una exclamación de admiración de tono neutro o implica una valoración positiva o negativa? Intentaré explicar el porqué de mi pregunta:
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En cierta ocasión, siendo yo seminarista, tuve que hacer un regalo y, buscando alguna cosa exótica, entré en una tienda de las denominadas “de comercio justo”. Me encontraba rebuscando libremente por la tienda cuando entró en el establecimiento una persona de edad avanzada.
La persona mayor se dirigió a una de las dependientas y le pidió la encíclica “Sollicitudo Rei Sociales” de Juan Pablo II, que había sido publicada recientemente.
Las dependientas, con ojos como platos y conteniendo la risa, le dijeron que allí no tenían ese tipo de libros.
La persona mayor, extrañada por la contestación, respondió con naturalidad: “Pues que raro, porque trata sobre la paz y la justicia, y sobre los problemas profundos del hombre”; mientras señalaba el escaparate, donde, junto a paquetes de café, chocolates y diferentes piezas de artesanía, había varios carteles que animaban a concienciarse y a colaborar por la justicia y la paz en el mundo (carteles rodeados por un buen número de libros sobre budismo, Gandi, antiglobalización, “ecología espiritual” o “la fraternidad cósmica de la New Age”).
Las dependientas, cada vez con más cara de no entender nada, volvieron a decirle que ni tenían ese libro (intentaron repetir el título sin éxito) ni lo iban a recibir, así que la persona mayor, muy educadamente, se despidió y al salir de la tienda volvió a fijarse en los carteles por si antes no los había leído bien.
Una vez solas, las dos dependientas se miraron y exclamaron una y otra vez: “¡Jo, qué fuerte! ¡Un libro del papa!
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La escena me hizo pensar. Había muchas probabilidades de que las cooperativas indígenas que habían producido aquellos alimentos hubiesen surgido por la iniciativa de un misionero. Posiblemente un buen número de los talleres donde se habían fabricado aquellas artesanías habían sido costeados, al menos en parte, por Manos Unidas (ONG católica) o asociaciones cristianas similares. Incluso un importante número de clientes de la tienda, dado que estaba enfrente de la catedral, serían cristianos concienciados por la necesidad de colaborar por el comercio justo y la promoción de los más desfavorecidos. Y en ese caso, ¿con qué criterio habían decidido que el mensaje de la principal voz de la Iglesia Católica sobraba en aquel lugar?

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Opté por marcharme de allí. Algo en todo aquello chirriaba.

1 comentario:

Daniel Mora dijo...

Padre... Creo que mucha gente habla de paz... de conceptos novedosos sobre la paz, sobre la igualdad y la justicia social... pero miran hacia el lado equivocado. Pido por ellos, para que encuentren en Jesus el amigo que nunca Falla.

Daniel