Experiencia ecologista

Mi relación con el ecologismo activo (el de carnet y cuota) fue una experiencia fugaz y, al mismo tiempo, muy ilustrativa.
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Siempre he amado la naturaleza.
La grandiosidad de su belleza y la sensación que produce el contacto con la vida natural, en mi caso, se ven multiplicadas por la percepción a través de ella de un Dios-Padre que lo ha creado todo por Amor.
Por eso, el día que un compañero de Universidad me habló de la asociación ecologista en la que estaba implicado, no me lo pensé dos veces y rellené la ficha de inscripción.
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El tema que provocó el diálogo fue el derribo indiscriminado de varios nidos de cigüeña, justo en la época de la puesta de los huevos.
Según mi amigo, una actitud injustificada había provocado que los huevos acabasen estrellados contra el asfalto, impidiendo el nacimiento de esos seres vivos. Ya iba siendo hora de que hubiera gente que luchase por la legislación de unas leyes justas que defendiera la vida frente a tantos intereses creados. ¿Qué mejor herencia podíamos dejar a las nuevas generaciones?
Yo no podía estar más de acuerdo.
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Poco tiempo después, me fije en un gran cartel, colocado en una pared de la facultad, en el que se anunciaba una manifestación a favor del aborto libre. La manifestación estaba convocada, entre otros grupos, por la asociación ecologista de la que yo era miembro.
No tardé en pedir a mi amigo explicaciones: aparte de no ser muy coherente esa opción con los objetivos de la asociación, quería saber cuándo y cómo se había tomado la decisión de participar en esa campaña abortista y quién lo había decidido, pues no tenía conocimiento de que nadie hubiera consultado a los miembros de la asociación (al menos, no a mí).
Resultado: en lugar de contestar a mis preguntas, dejaron de pasarme la cuota y no volvieron a convocarme a ninguna reunión.
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Como he dicho al principio: fue una experiencia fugaz y… ¡¡muy ilustrativa!!
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¡La paz contigo!

1 comentario:

Toñi dijo...

Esta entrada no me ha hecho reír. Se ve con demasiada frecuencia esa incoherencia. La legislación española es tal cual, protege más a los animalitos que a los nonatos.

Pax tecum